viernes, 19 de junio de 2015

Ella no es una víctima.

La esquizofrenia como las drogas depende de la persona y lo que gatilla en esa persona, también cómo se vive con la enfermedad. La violencia va más allá de la esquizofrenia, es el cómo estas personas enfrentan la esquizofrenia (el enfermo y los que lo rodean) la que hace que sus vidas sean violentas.

Ella en la carta se pone como a una víctima y sólo tiene que ser más fría, y ver que hay un equilibrio en entender las miserias ajenas y las propias. Lo que cuenta esta chica es una historia de violencia familiar, violencia psicológica familiar. Y lo más sano es alejarse de su madre y es lo que ha decidido hacer:

"Carta
Hola Dr. Marietan. Descubrí vuestra página hace poco. Más o menos cuando por fin supe que mi madre era un "sol negro". Me gustaría contar mi historia para aquellos que estén en una situación parecida pues he visto que no hay mucha información al respecto.
Desde pequeña (soy hija única) siempre noté que algo no era normal en mi casa pero cuando no conoces otra cosa no puedes comparar. Además, del evidente problema de mi madre, mi padre también sufría una enfermedad mental: era esquizofrénico. Murió cuando yo era adolescente. De pequeña recuerdo que mi vida era más normal (o yo no me daba cuenta) pero a partir de los 12 años noté que las cosas empezaban a truncarse. Mi padre se vio muy afectado por la muerte de sus padres y desde entonces tenía etapas de lucidez con otras en las que tenía ideas extrañas. Mi madre y yo sufrimos esto hasta su muerte, una preocupación constante, miedo a que pasara algo. De vez en cuando lo internaban en el hospital pero luego volvía, supuestamente mejor aunque muchas veces empeoraba apenas unos días después. En aquellos momentos yo sentía que no podíamos vivir así, que teníamos que empezar una nueva vida, lejos de esa pesadilla pero mi madre nunca hacía nada, en el fondo se agarraba a él. Parecía que le gustaba poder ir luego a llorarle a su madre, le encantaba hablar de ello pero sólo con la gente de la familia más de una vez me advirtió que no se me ocurriera contarle a nadie lo que pasaba en casa. Yo por aquel entonces tenía problemas de autoestima (y los sigo teniendo), mucha inseguridad, miedo a no gustar a la gente, apenas salía de casa y es que no me sentía identificada con la gente de mi edad, me costaba confiar en los demás y empecé a desarrollar un hábito que luego descubrí que era trocotilomanía (arrancarse el propio pelo). Aunque nunca llegó a notarse porque yo me intentaba reprimir. En aquel momento ni siquiera sabía lo que era ni a qué se debía. Lo hacía cuando estaba nerviosa o estresada y así conseguía aliviarme aunque sólo fuera durante unos minutos. Una vez mi madre pareció darse cuenta de esto y en vez de ayudarme o llevarme a un psicólogo, me dijo que me iba a quedar calva como hiciera eso y un día que salió un breve reportaje en la TV dijo un comentario que nunca se me olvidará "mira, como tú". Lo peor fue la forma en que lo dijo, fría y como si le diera lo mismo. Desde entonces nunca más me dijo nada, se hacía la loca. Recuerdo una vez que me alteré muchísimo por una de las escenas de mi padre, me senté en el suelo, sin poder hablar,  me costaba respirar y no podía para de llorar. Mi madre se me acercó y me dijo que me levantara que parecía que estaba loca. Y situaciones como esa, millones. Yo sentía que no tenía ningún apoyo. Siempre había pelea en casa. Si mi padre decía algo, mi madre se ponía de su lado y a veces eran situaciones absurdas pero hacían un mundo de eso. Ante todo quiero decir que mi padre era muy buena persona pero cuando estaba enfermo era completamente distinto. Sin embargo, siempre le dio la razón a mi madre en todo. Tiempo después, cuando yo empecé a conocer el mundo real me di cuenta de que muchas cosas que yo tenía como verdades absolutas (porque para mis padres siempre había sido así) no lo eran. De pequeña nunca celebré un cumpleaños donde hubiera más de 3 niños, si quería una Barbie me decían que era cara, no tenía la tarta que yo quería en mi cumpleaños (puede parecer una tontería pero cuando eres adulto y te das cuenta de lo cruel que es no darle esas cosas a tus hijos). Además yo sentía que había cosas que deberían haberme enseñado como padres y no lo hicieron: no me enseñaron a montar en bici por mucho que se lo pedí, a nadar aprendí yo sola ni siquiera me enseñaron a atarme los cordones de los zapatos. Si íbamos a comer a un restaurante, mi madre insistía en pedir lo más barato, si le cobraban el pan y sobraba se lo metía en el bolso y no paraba de decir que para eso podíamos haber comido en casa (y no es que nos faltase dinero). Nunca disfrutábamos de los placeres de la vida. Además mi madre es la persona más miedosa que existe: nunca fuimos a un parte de atracciones, le da miedo hasta bajar una cuesta algo empinada con el coche. Siempre me decía que yo no sabría cocinar, que conduciría mal, que no servía para esto y lo otro. Todos estos comentarios han atacado mis defensas y llegó un punto en que yo misma lo creía. Cuando le decía algo que no quería oír me decía que estaba hablando muy alto (cosa que no era verdad) para así cambiar de tema y empezar a quejarse ella, o decía que estaba muy cansada (cosa que dice absolutamente todos los días y si puede varias veces), empezaba a compadecerse de sí misma y así ponía fin a la conversación. Todo esto fue a peor cuando mi padre murió. No importaba cuántos años hubieran pasado, lo primero que siempre decía era que era viuda, que había sido muy desgraciada toda su vida, que su madre se había muerto pronto (la perdió con más de 30 años, el doble que yo a mi padre pero eso parecía darle lo mismo, ella era más desgraciada)… Justo cuando murió mi padre mi relación con mi madre empeoró aún más porque ya no podía delegar las cosas y mandar sobre mi padre así que intentaba hacerlo sobre mí. Decía que tenía que ayudarla, que si no iba a perder su trabajo y que parecía que a mí no me importaba ella. Así conseguía que yo me sintiera mal y le hiciera a ordenador escritos que tenía que hacer ella para el trabajo (de muchas páginas y de cosas que yo ni entendía). Claro que hubo un momento que me harté y cuando vio que no podía convencerme, fue con la misma táctica a otra gente. Esta situación se repetía con todo tipo de cosas: con la excusa de que tenía que ayudarla que ella no podía me delegaba todas las tareas que ella no quería hacer. Todos los días nos peleábamos, incluso cuando yo intentaba no hacerlo, ella no desistía hasta que algo pasaba. Ha habido peleas en las que me ha llamado cosas que me han herido más por la forma de decirlas, por el desprecio que por la palabra en sí. Cuando un novio que tuve y yo cortamos me dijo que algo habría hecho yo, que él se habría hartado de soportarme. Ella sacaba lo peor de mí, me provocaba, algo que no me pasaba nada más que yo ella. Ahora por fin entiendo por qué se lleva mal con casi todo el mundo. Siempre pensé que ella era un buena persona de la que la gente se aprovechaba pero ahora entiendo que ella era la que exprimía a la gente y que esa gente tarde o temprano estallaba y no volvía a hablarle (hablo de familia, amigos, vecinos…). Finalmente me independicé (bastante joven) pero ella siempre encontraba la manera de seguir molestándome. Siempre que me llamaba era para darme malas noticias, lo que más odio de ella es la lentitud que tiene para contar hasta la cosa más absurda que ya te pone nerviosa, sus asuntos son siempre más importantes que los míos. Yo intentaba no hablar con ella, no verla pero seguía habiendo lazos (económicos sobre todo y ella me ofrecía dinero gustosa pero porque sabía que luego podía intentar utilizarme basándose en eso). Lo que más pena me daba es que luego le iba con el cuento a la gente de que yo me había ido y que no la quería. Lo que si bien es cierto, me ponía a mí como la mala de la película. Toda esta tensión le provocó a mi novio un problema de ansiedad que aún no ha superado del todo. Nos hemos gastado mucho dinero en psicólogos y ahora miro cada cosa que hace fríamente y me doy cuenta de la verdad. Además cuando estoy en casa de mis suegros puedo ver cómo es una familia normal y no la que yo tenía. Y lo único que quiero es alejarme de esa mujer para poder vivir mi vida y ser feliz. Me sigue costando y a veces más que cuando vivía con ella porque ya sé lo que es llevar una vida normal. Ante todo, no puedes cambiar a esta gente, tienes que alejarte de ellos.
Mariela, octubre 2011"

jueves, 18 de junio de 2015

El mareo





El ruido está por encima de la voz,
nadie quiere compartir.
El ruido está por encima de la voz,
les conviene que sea así.
El ruido está por encima de la voz, y
yo quiero escuchar.
El ruido está por encima de la voz,
las palabras nunca están demás.
Aunque sean insuficientes.




Es una contradicción. Sentirse víctima
es una contradicción. ¿Se lo dejo claro ahora o va a darse cuenta
después? Vamos a morir, es una contradicción. Nacer nuevo y morir
viejo es una contradicción. Entender algunas cosas demasiado tarde y
otras nunca, es una contradicción. Tener ganas de vivir, pero
siempre en una idea, es una contradicción. Querer y aguantar, es una
contradicción. Sacrificarse es una contradicción. ¿Se lo explico
ahora o se lo explico mañana?
¿Realmente cree que yo sé algo?, ¿se
lo cree?, es una contradicción. Levantarse temprano por las mañanas
es una contradicción. La exhibición es una contradicción, y la
rabia, por sobre todo la rabia. La rabia y el victimismo tienen mucho
en común. Querer llegar hasta el final es una contradicción. El
ruido está por encima de todo, por encima de todo. Vivir es una
contradicción, la familia es una contradicción.


¿Sabe usted lo que es estar solo y
estar escribiendo como si se le hablase a alguien? Soltar todo lo que
se le pase por la cabeza, qué contradicción, y cuando las fuerzas
no se contraponen dejar de sentir este mareo insufrible. Estar loco es
una contradicción. Es una contradicción querer tanto... querer tanto
ser mejor, es una contradicción. Querer que el día dure más, que
vivir dure más. Quizás entonces el ruido desaparecería, si hubiera
más tiempo. Tiempo. Siempre igual, la contradicción. No hay nada
más verdadero en esta vida que el equilibrio y la contradicción.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Creo que yo me tengo que convertir en ese hombre (escrito el 20 de Junio del 2013)

Mi fantasía desde hace unos 9 años, van pasando los años y va adquiriendo más sentido: un hombre que vive solo en un ático pequeño y viejo, un sólo espacio pero amplio, con acceso a una azotea donde se encuentra un jardín botánico de unos 4X8 metros cuadrados. En su estantería muchos libros de plantas y de historia. No lee novelas, no le interesa la música del siglo XX, sólo va a la filmoteca a ver pelis viejas con preferencia por las mudas. No toca ningún instrumento, no juega ningún deporte, aunque le encanta nadar por horas, va a escuchar sinfónicas y cuartetos frecuentemente, le gusta mucho el barroco y tiene su tocadiscos y sus vinilos. No tiene padres ni parientes y es estéril. No necesita compartir su vida doméstica pero sus puertas están siempre abiertas para sus amigos, tiene muchas amigas. Es cálido, generoso y una persona muy curiosa, sale solo todo el tiempo y sabe encontrar una forma de ganar dinero trabajando desde casa no muchas horas a la semana, le encanta conversar, le encanta sonreír a cualquiera, tiene una intuición muy buena con las personas y las situaciones y sabe cómo evitarse problemas y evitárselos a los demás. No se siente superior a nadie, por tanto tampoco se siente inferior a nadie. No le gustan las peleas, por tanto es un buen manipulador pero un manipulador para evitar gritos y las palabras hirientes, intenta encontrar una forma de ser muy franco sin que eso resulte apartar a la gente de su lado. Tiene un gran carácter. Sus amantes, hombres y mujeres siempre terminan convirtiéndose en sus amigos. Le gusta la medicina, la alquimia. Viaja solo, va a todos lados solo pero siempre termina hablando con alguien. Conoce a sus vecinos, sabe sus nombres. Le interesa la política y mucho más relacionándola con la historia. Un hombre atemporal, que no necesita atrapar a nadie, que no necesita apoderarse de nadie. La gente va y viene. Cuida su alimentación. No desea controlar a nadie. Desde pequeño se dió cuenta que el orgullo y la vanidad sólo atrofian las capacidades intelectuales y emocionales. Mi fantasía es poder visitar a este hombre al menos una vez por estación y poder seguir con mi vida llevándome conmigo el tiempo que hayamos pasado juntos.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Un artista del trapecio

Muchas canciones suenan en el cuerpo ya conocidas,
pero eso no evita que sigan encendiendo.
Un equilibrio en todo es lo que entiendo,
un equilibrio entre lo conocido y lo desconocido,
entre planificar e improvisar,
en estar solo y acompañado,
en llorar, en ser dramático y en reírse de uno mismo,
en excederse y ser prudente,
entre callar y hablar,
en ganar y dejarte perder,
en fracasar y dar vuelta la página,
en sonreír y en poner la cara de Bruce Willis en Duro de matar.
En ser ruidoso y en estar en silencio.
en sangrar y ser pulcro.
Ser ácido y ser tierno,
ser duro y ser flexible,
en ser flojo y ser productivo.
En estar enfocado y estar disperso.
en tener las cosas claras y perderse,
en ser ordenado y ser caótico,
en ser todo emoción y ser racional,
hablar en serio y ser cínico,
en aceptar la estupidez propia y en perfeccionarse.
En lo masculino y en lo femenino,
en lo suave y en lo áspero,
en lo peludo y lo hipersuave,
Un equilibrio frente a los problemas,
en dimensionar las situaciones y los defectos,
a las personas y los problemas.
En lo dulce y lo agrio.
Un equilibrio entre malas experiencias y buenas.
Un equilibrio entre luz y sombras.
En teoría y experiencia.
En la carne y el espíritu,
en competencia y colaboración,
en lo humanista y lo matemático,
lo científico y lo que no se puede demostrar,
Un equilibrio de egoísmo y generosidad,
un equilibrio entre pasar hambre y comer.
Un equilibrio entre torpeza y precisión,
Entre la niebla y la lucidez.
Hay canciones conocidas que aún despiertan el espíritu,
aún hay ideas que no miras en menos por tener asimiladas.
Un equilibrio es lo que quiero.
Un equilibrio es...



jueves, 13 de diciembre de 2012

Canciones para el asilo VI



De pronto, he sentido esa pena que me invade, ya sé que volverá a pasar. Porque es así, es humano y ya está, sentiré pena un rato y se me quitará. ¿Quizás será porque desde muy pequeña, sentí una fascinación por las personas perdedoras?, ¿será que lo entendí demasiado joven? Que lo ví todo deprimente demasiado joven, que siento pena ahora, por todos los que se dieron cuenta mucho más tarde, y al final voy a tener que dar las gracias a la vida, por haber visto tanta mierda tan joven, tan niña, ví tanta estupidez, tanto egoismo,  la ausencia del amor en absolutamente todo, la falta de dedicación, la mediocridad, como todo estaba mal planteado, mal ejecutado. ¿Será que mi familia me preparó para esta vida? Con sus irresponsabilidades, con sus ignorancias, con su jerarquía, con sus exageraciones, con sus absurdos, con su fealdad y lo grotesco.
Madurar es enfrentarse a la destrucción de las expectativas, una y otra vez, no olvidarlo. Tener un plan y estar preparado emocionalmente para la destrucción de las expectativas, darlo todo, y ver resultados mediocres. Y seguir adelante.
Pero me da pena, siento una cierta impotencia ya, los perdedores, vidas perdidas, ensimismadas, no hay nada que hacer, los perdedores, podríamos estar diagnosticados, como los autistas, como los asperger. Pero hay que tener una consciencia de que se es un perdedor, además, ser un perdedor implica luchar. Hace unos meses lo veía todo negro, el mundo sigue igual, y ahora estoy mejor, y el mundo sigue igual. Es evidente que es algo de la construcción emocional. Ya a los 21 años me decía: no voy a ser un amargado, no voy a ser un amargado. Es una cuestión de voluntad, aunque nada es como uno quisiera, ser agradecido. Me da pena, nada de lo que uno vive parece que le sirve a nadie, y tienes todos estos consejos, que te gustaría que alguien de afuera te los diera, y los das, y no le sirven a nadie más. Siento impotencia, mucha, porque entiendo lo frustrante que es todo, uno mismo, si no es capaz de quererse así, sin ningún mérito, no por las características ni nada, ni los éxitos, sólo uno quererse por la voluntad de hacerlo, y aceptar darlo todo cada día y que sea mediocre, y de alguna manera, igual se va avanzando, no como uno quisiera, nada es como uno quisiera, nada, pero intentar atajar el presente y valorarlo todo, ser agradecido es algo mental. Hay problemas reales y hay problemas imaginarios. Hay que ser consciente de eso, si se quiere ser masoquista para no enfrentar los problemas reales: adelante, se masoquista, pero no olvides que son problemas imaginarios. 
Escribe cartas para tus yos futuros, a lo mejor a nadie más le puedas servir con más precisión. Que tus yos del futuro te lean.
Tengo seguro que esta será otra canción del asilo.

martes, 4 de diciembre de 2012

Piteaduras.



Todos estamos piteados de alguna manera.
Hasta los más equilibrados.
Hasta los más estables.
Hay piteaduras que se llevan bien.
Mi piteadura y la tuya no se llevan bien.
Son como el agua y el aceite.
Son como el agua y el aceite.
Como el agua y el aceite.
Hay piteaduras que no se tocan,
que no se hacen daño.
Que de alguna forma conviven
sin potenciarse la una a la otra.
La paranoia  / la depresión.
La angustia  / la crisis de pánico.
La neurosis / el nerviosismo.
Los miedos / las iras.
Hay piteaduras que no se rozan,
que no se afectan, que no se atacan.
Gruñones / cobardes,
Mezquinos / hipersensibles,
Bipolares / inseguros.
Negativos / nerviosos.
Hay piteaduras que sacan lo mejor de tí.
Que te vuelven más fuerte,
porque sabes lo que tienes que hacer.
Sabes lo que tienes que hacer.
Sabes lo que tienes que hacer.
Fobia social / nerviosismo.
Tu piteadura me tira para atrás.
Mi piteadura te tira para atrás.
Las cosas funcionan y no sabemos por qué.
Es un misterio.
Las cosas no funcionan y sí sabemos por qué.
No es un misterio.

martes, 9 de octubre de 2012

Para reflexionar.

Hace muy poco tiempo he llegado a la conclusión de que la autoestima no es autodefinirse como una cosa (como se habla en este video de la autoimagen, que es siempre un autoengaño), es el simple hecho de uno estar de parte de uno mismo, ser uno amigo de uno y querer vivir la mejor vida posible, sin la necesidad de considerarse a uno mismo valioso, ¿valioso en comparación a qué? (que vendría a ser lo más cercano al amor, luego amar al otro tampoco debería depender de sus características de identidad, distinto es el deseo, distinto es el placer). Lo demás, lo que llamamos nuestras características de identidad, son todos estados consecuencia de muchísimos factores, pero podemos trabajar sobre ellos, la clave está en hacernos RESPONSABLES (prestar atención, hacernos cargo) de nosotros mismos.
Por otro lado, también en esta reflexión sobre lo que es ser humano, llegué a la conclusión de que no somos innatamente ni buenos ni malos, simplemente en nuestra naturaleza están todas las características, que se consideran buenas o malas listas para ser gatilladas o potenciadas (medioambiente, los otros, etc). Pero lo más interesante de la reflexión del video es la idea de empezar a hacerse uno responsable, es decir, que aquello que está  potenciado (bueno o malo), se observe, se le ponga atención y así intentar llegar a despotenciarlo/anularlo si hiciera falta (no escapar, no huir), en el video se usa como ejemplo LA VIOLENCIA. Parece sencillo, pero no lo es en absoluto.

El video explica mucho mejor todas estas cuestiones y muchas otras sobre la naturaleza de la mente.



Se pone mucho énfasis en no hacer distinción en nacionalidades, ¿no sería un buen ejemplo también no hacer distinción de género? Al querer diferenciarnos (en nuestra identidad), hombres y mujeres también veo claramente LA VIOLENCIA de la que se habla.

¿Acaso no somos todos seres humanos a fin de cuentas?


Soy judío. ¿Un judío no tiene ojos? ¿No tiene un judío manos, órganos, dimensiones, sentidos, afectos, pasiones? ¿No se alimenta con la misma comida, no es herido por las mismas armas, no está sujeto a las mismas enfermedades, no se cura por los mismos medios, no se enfría y se calineta con el mismo invierno y el mismo verano que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos? Y si nos ofendéis, ¿no nos vamos a vengar? Si somos como vosotros en lo demás, nos parecemos a vosotros en eso.

Shylock, El Mercader de Venecia, William Shakespeare.